sábado, 11 de julio de 2020

Cilindro de Marboré y Astazous, Pirineos

Primera salida a Pirineos después del largo confinamiento, y aunque el tiempo no parecía muy estable, decidimos aprovechar la oportunidad por si las moscas. La previsión era de tormentas vespertinas, sobre todo el último día. Para la ocasión nos juntamos Jorge, Manolo, Nicolás, Toni y yo (Carlos).

La idea inicial había sido hacer la cresta del Gourgs Blancs, pero con una meteo poco segura, decidimos cambiar al plan más fácil de subir al balcón de Pineta, y desde allí probar el Cilindro de Marboré, Monte Perdido, el Soum de Ramond y los Astazous. Ambición no nos faltaba, ja, ja.

Nada más llegar a Bielsa nos recibió una tormenta con lluvia abundante y un poco de granizo. Por suerte nos pilló comiendo en el bar, y cuando empezamos a andar desde Pineta ya no llovía nada, y se había despejado bastante. La subida al Balcón larguíiisima y extenuante, como no puede ser de otra forma, ya que se sube casi 1.300 metros en muy pocos kilómetros, y además llevábamos los mochilones porque íbamos a hacer vivac (y eso que no llevábamos tiendas).

El equipo al completo

El bosque de hayas nada más empezar la subida hacia el balcón

Con los cubremochilas puestos, aunque ya no llovía. Parece increíble que haya que subir todo ese paredón

El agua es abundante en todo el recorrido, así que por lo menos no hace falta cargar con mucha

Entrando por fin en el "embudo". ¡Ya se ve el final!
En la recta final

Lo sorprendente fue que al llegar arriba no había nadie más, y eso que llegamos a las 21:30, después de unas cuatro horas y media de subida. No es que este sitio esté tan concurrido como Góriz, pero esperábamos más compañía. Arriba aún quedaba bastante nieve, pero todos los sitios de vivac estaban limpios y secos. Estuvimos buscando un rato el famoso vivac al que se entra por un agujero, y que tiene techo, pero no pudimos encontrarlo, y en internet no hay detalles (debe de ser secreto).

La grandiosidad que te recibe al llegar compensa con creces el megaesfuerzo de la subida
Llegamos al poco de empezar a anochecer
Al día siguiente estaba totalmente raso. Nicolás y Jorge habían tenido una escaramuza con algún animal que le había mordisqueado el pie a uno, y le había robado una bota al otro (la bota estaba unos metros más allá, se ve que no eran el número del misterioso visitante). Contentos de tener buen tiempo, nos pusimos en marcha, y no tardamos en ponernos los crampones para empezar la subida inicial hacia la chimenea que da acceso a la parte superior del glaciar (si es que aún se puede llamar así, porque lo que es hielo, queda muy, muy poco).

Mañana radiante, aunque no duraría mucho tan despejada

Esta chimenea es fácil de trepar, pero es que además nos encontramos una cuerda fija instalada en doble, y en muy buen estado.

Llegando a la chimenea
La chimenea vista desde arriba, con la cuerda fija

Subimos todos sin problemas, sin quitarnos los crampones, y a continuación continuamos la larga subida, con vistas impresionantes al paredón que del Cilindro por su cara norte, llegando aproximadamente a las 10:00 al cuello del Cilindro, desde donde disfrutamos de las vistas al Perdido, a Ordesa (bueno, más bien Punta Tobacor, que es lo que se ve desde ese punto) y a la pala de subida al Cilindro, que si no la has subido antes impresiona, igual que impresiona la Escupidera.


En el cuello del Cilindro

Ordesa y Punta Tobacor


Monte Perdido desde el collado
Bajando por roca el collado. El lago Helado abajo

Flanqueo desde el collado para coger la pala que sube al collado donde están las chimeneas


En estos momentos empezaban a asomar en la lejanía pequeñas nubes verticales de evolución, así que sin esperar más bajamos con cuidado el cuello del Cilindro, siguiendo los hitos (hay un par de pasos con bastante caída donde hay que extremar las precauciones), y empezamos el flanqueo hacia la pala inicial, para evitar bajar al lago Helado y luego tener que subir de nuevo. Tras mucho esfuerzo, llegamos al colladito en el que se encuentran las famosas chimeneas, y para entonces las nubecillas verticales empezaban a ser alarmantes, aunque la visibilidad hacia el Perdido y el Taillón aún eran muy buenas. Incluso en la lejanía se veía majestuoso el Vignemale.

En el collado final en el que se encuentran las chimeneas. Detrás el Marboré, y en la lejanía el Vignemale, inconfundible

Empezamos a subir la chimenea más vertical. El principio es la parte más empinada, y aún así tiene muy buenos agarres, por lo que no da mucha sensación de peligro. Pero son en total 20 metros de trepada donde no se puede tener ningún fallo. Se supone que más a la izquierda hay otra chimenea más fácil aunque más expuesta (¿¿aún más??), pero no la comprobamos.

Jorge subiendo la chimenea
Una vez superada la chimenea seguimos subiendo, y llegamos al siguiente paso clave: una trepada en una pared de roca donde hay algo de exposición. En este punto la otra vez que yo subí había un cordino y un maillón para rapelar la bajada, pero esta vez no había nada de nada. Lo pasamos sin problemas y por fin llegamos a la cima. ¡Conseguido! Aunque las nubes ya habían empezado a desfilar entre el Cilindro y el Perdido, y las vistas se encontraban bastante mermadas, una lástima. La única zona que pudimos ver bastante bien es hacia el Taillón y el Marboré; el resto estaba ya envuelto en las nubes.

En la cima, mirando hacia el Marboré y el Taillón


Después de hacer unas cuantas fotos volvimos sobre nuestros pasos. La pequeña bajada en la roca, sin poder rapelar, tuvo su interés. Como somos muy chulos, destrepamos todos, cuando lo lógico habría sido poner una cinta y rapelar todos menos el último; luego en la chimenea rapelando no hubo ningún tipo de problema. Llevábamos una cuerda de 40 metros, y vino muy justa, quedándose los cabos a medio metro del suelo. Existe también la posibilidad de fraccionar el rápel en 2 tramos (tener en cuenta que la reunión no está exactamente a mitad, por lo que es recomendable llevar por lo menos 30 metros de cuerda, y que es totalmente colgada).

Rapelando la chimenea



Aprovechamos para subir al Piton SW, que también está catalogado como tresmil, aunque es poco más que un montículo. Dificultad VIII+, ¡ja, ja!
Bajamos después la pala hasta el lago Helado, probando algunos la autodetención con el piolet (y no voluntariamente, ja, ja), y allí nos quedamos un rato a decidir qué hacer. El Perdido se veía a ratos, pero preguntamos a algunos que bajaban, y nos dijeron que las vistas eran malas. Finalmente decidimos no subir; para los que ya habíamos subido antes no tenía ningún aliciente, y para los que era su primera vez, tampoco tenía mucho sentido, si no ibas a ver nada. Así que otra vez será. Por supuesto, el Soum de Ramond ni nos lo planteamos, con tan poca visibilidad.

Bajando de nuevo hacia el lago Helado, el Perdido a ratos se veía, y a ratos... pues eso, estaba perdido

La pala está probablemente tan empinada como la Escupidera, pero no tiene el riesgo de ésta porque no tiene inclinación lateral, ni cortados por donde caerse

Justo al empezar a volver había tanta niebla que hasta nos costó encontrar el punto de subida al collado, pero al pasar a la cara norte las vistas hacia el lago helado de Marboré, Tucarroya, los Astazous, y en la lejanía, la Munia, mejoraron muchísimo.


Uno de los puntos del collado donde hay que tener cuidado. El aspecto con la niebla era fantasmagórico

Al volver a la cara norte las vistas mejoraron mucho. El collado entre el Perdido y el Cilindro tiene algo que atrae las nubes

Como teníamos bastante tiempo de sobra, decidimos desviarnos a la derecha para visitar lo que queda de hielo en el glaciar, y vale la pena, porque desde lejos parece poca cosa, pero una vez en el sitio ves que el hielo tiene un espesor considerable, y el color azul y las formas que tiene son muy bonitas, aunque nos dio un poco de pena ver lo poco que quedaba y cómo estaba chorreando a causa de las altas temperaturas: es algo que dentro de no muchos años seguramente habrá desaparecido por completo.


El espesor del hielo resulta ser mayor que el que se ve desde lejos

Deshicimos el camino andado, y en este punto llegó el sobresalto de la jornada. Para llegar al glaciar, pasamos por encima de unas rocas en las que hay algo de caída, y acabábamos de sobrepasarlas cuando oímos un estruendo. Acababa de ceder un nevero más arriba, y cayó una "cascada" de nieve justo en el sitio donde estaban las rocas por las que acabábamos de pasar. Así que nos salvamos de una buena, porque a lo mejor la nieve nos habría tirado por las rocas, o nos habría dado algún golpe.

Foto tomada por la mañana. En ese punto rocoso es donde había caído la nieve nada más pasar nosotros. ¿Quizás ese neverito, o a lo mejor de más arriba?

Tras el susto, bajamos sin problemas la chimenea agarrándonos a la cuerda fija. Hicimos el canelo, porque algunos nos pusimos los arneses para rapelar, y resulta que no se podía al estar la cuerda aprisionada por la nieve en su base.

Bajando la chimenea agarrados a la cuerda fija. No era difícil, pero rapelando habría sido más seguro

Cansados llegamos a nuestros vivacs, satisfechos de lo hecho durante la jornada, a pesar de que las vistas en el Cilindro no habían sido todo lo buenas que hubiésemos querido, y que dejamos la subida al Perdido para otra ocasión. La noche anterior habíamos dormido en dos grupos, pero había habido algunas quejas vecinales a causa de los ronquidos, así que como teníamos vivacs de sobra y más tiempo para elegir, acabamos durmiendo cada uno por separado la noche siguiente. De paso buscamos sitios con lecho de hierba, que siempre es más cómodo.

El balcón está lleno de edelweiss, hasta hay zonas donde es difícil no pisarlas

Hicimos planes para el domingo: la previsión era que el tiempo se estropeara rápidamente a partir del mediodía, pero se suponía que a primera hora haría bueno, así que decidimos que si al levantarnos estaba despejado iríamos a los Astazous. A mitad de noche había una niebla impresionante que tapaba todo, pero poco después de amanecer estaba mayoritariamente despejado, así que nos pusimos rápidamente en marcha dejando a cubierto todo lo que no nos iba a hacer falta (cogimos piolet y crampones por si acaso, pero al final no los necesitamos).

A la mañana siguiente. No era un día tan radiante como el sábado, pero aceptable. Por la noche habíamos dormido todos bastante bien, sin mordiscos ni robos de botas.

Llegamos al lago Helado de Marboré, que es un disfrute para los sentidos, pero la visita al refugio de Tucarroya la dejamos para otra ocasión. El camino hacia los Astazous no tiene pérdida y las vistas hacia el Cilindro y el Perdido son buenísimas. Y finalmente, cuando llegas al collado que separa a Francia de España, las vistas hacia las cumbres que forman la parte alta del circo de Gavarnie son inconmensurables: Marboré, la Torre, el Casco, la brecha, punta Bazillac y el Taillón. Nos hinchamos a hacer fotos, y si se baja un poco hacia Francia se llega a ver bastante bien el circo y la gran cascada.

El Cilindro, reflejado en uno de los charcos con nieve que había en la ruta

El lago helado de Marboré y la brecha de Tucarroya, con el refugio justo en ella

El refugio con el superzoom de Manolo, el terror de los famosos y cualquiera que tenga algo que ocultar

El Perdido y el Cilindro, omnipresentes

Llegando al collado, frontera de España y Francia

En el collado, con vistas impresionantes

Nosotros dejamos todos los trastos en el collado y encaramos el pequeño Astazou. La subida es fácil, con un único tramo final por la cresta que no tiene ninguna dificultad, pero que puede asustar a gente con vértigo. Las vistas desde este modesto pico son buenísimas, tanto hacia Francia (se ve el pueblo de Gavarnie) como hacia el macizo del Perdido.

El Gran Astazou desde el pequeño

El Casco y la brecha de Roland


Zoom al refugio de Sarradets, a ver cuando lo reabren por fin

Zoom a la brecha. El puntito en la base es una persona

Zoom al Perdido, que se había vuelto a despejar. Se puede ver como hay un buen tramo al final de la Escupidera que ya no tenía nieve

El pueblo de Gavarnie

Desde la cima no tuvimos más remedio que volver a por las cosas al collado, aunque vimos que se puede seguir una senda que por la cresta se encamina hacia el gran Astazou, y así te evitas bajar 100 metros para volver a subir. Y en la subida a nuestro último tresmil de la jornada estábamos, cuando de repente se oyó el primer trueno. Con esto de las tormentas, parece que nunca aprendo... Nos dio la falsa impresión que quedaba mucho para que nos alcanzara, así que en lugar de no perder la cabeza, nos lanzamos como posesos para arriba con la idea de hacer cumbre y bajar antes de que llegara. El caso es que a mitad de subida empezaron a caer gotas, y lo que es peor, empezamos a sentir como los pelos de la cabeza y de los brazos se nos erizaban, e incluso se oía a veces un zumbido. Es una sensación que no había experimentado nunca (ni siquiera en la tormenta que nos pilló una vez en la cima del Aneto), pero yo leo mucho, y había leído que es mala señal porque indica un riesgo bastante alto de que te parta un rayo. Vamos, que teníamos bastantes boletos. Pero nosotros seguimos subiendo, hasta que al llegar a la cresta ya el zumbido y la estática eran tan impresionantes, que a escasos 50 metros del hito cimero hicimos una rápida foto (otro error porque en situaciones así no conviene usar aparatos electrónicos), y empezamos a bajar como si nos persiguiese el diablo. Y a lo mejor así era, pero bajamos más rápidos que él y nos escapamos.

La tormenta se nos venía encima, cielo gris oscuro a más no poder

En la cresta cimera del Gran Astazou. Toni disimula bien, pero estábamos bastante asustados por la tormenta, aunque ésta no pasó justo por encima de nosotros

El hito cimero se nos quedó a pocos metros. Ya nos pareció jugársela tontamente el ir a tocarlo.
El lago helado y el pico Pineta desde casi la cima

Pararon la estática y los pelos "volantes", y seguíamos vivos... Se puso a llover e incluso a granizar, pero eso comparado con lo otro no era na: poncho y pa'lante. Fuimos bajando tranquilamente, y antes de llegar al lago helado ya había parado.



Con los ponchos parecemos Frodo, Sam y el otro hobbit que no recuerdo cómo se llamaba. La compañía del anillo, ¡ja, ja!

Recogimos los trastos que habíamos dejado a cubierto, y tras almorzar empezamos la bajada hacia Pineta, llegando al coche sanos y salvos, no sin que antes nos pillara una segunda tormenta que descargó a mares, dejándonos calados calzoncillos y calcetines. Fue la despedida final de la montaña, que a pesar de todo, nos había tratado bien teniendo en cuenta los riesgos en los que nos habíamos visto envueltos. En general tener cielos azules y buen tiempo mola, pero ver la montaña y la atmósfera un poco más animadas que de costumbre no está mal (de vez en cuando). La estabilidad total a veces aburre.

En la bajada a Pineta. Fueron de las últimas fotos decentes, porque abajo del todo llovió tanto, que habría hecho falta una cámara acuática